Un ranking que realizó hace poco Cisco, colocó a nuestro país como el noveno de América Latina en preparación digital, poniéndonos a la par de países como Kuwait o Túnez. Este puesto ya es bastante dramático si pensamos que en nuestra región solo el 15% de hospitales han implementado tecnologías como la historia clínica electrónica.

Por suerte, en nuestro país hay empresas que asumieron el reto de implementar herramientas tecnológicas que ya se emplean en el primer mundo y que cuentan con especialistas, que viendo este retraso tecnológico como una oportunidad, han comenzado el largo camino de la implementación de tecnología en las áreas asistenciales  (médicas). Uno de estos promotores de la tecnología es el doctor Alfredo Rasmussen Ochoa, Gerente de División de Gestión y Desarrollo Prestacional del Grupo AUNA, con casi diez años de experiencia en la implementación de tecnología en el sector salud, y quien viene liderando el proyecto de implementación del Sistema de Información Hospitalaria (sus siglas en inglés HIS),  en este grupo médico.

Por ello, nos reunimos con él para conversar un poco sobre este proyecto y los avances que está logrando en la actualidad.

Doctor ¿Cuéntenos un poco sobre el proyecto de informatización clínica en AUNA?

Cuando comenzamos con AUNA, ya en el 2010, los proyectos que estaban trabajándose tenían la misión de incorporar en su desarrollo, una Historia Clínica electrónica (eHC) que se soporte en un Sistema de Información Hospitalario. Esto, más que solo la eHC, era todo un sistema de información para la Gestión de la organización.

La idea de AUNA era iniciar con una implementación global, esto quiere decir que incorpore la tecnología desde la admisión del paciente, hasta la facturación de lo que le fue otorgado. Para esto, AUNA incorporó en el inicio de este proyecto al Dr. Lluís De Haro, experto catalán en este tipo de implementaciones, esta meta nos permitió, eventualmente, inaugurar unidades clínicas que ya no requieran papel, siendo la primera la Clínica Vallesur en Arequipa. El reto actual, es implementar dos unidades de negocio que tienen más de treinta años de historias clínicas de papel.

¿Cuál ha sido el área más difícil para la implementación?

Sin duda la parte más difícil siempre será la gestión del cambio. Porque, a pesar de que son unidades nuevas, el personal no lo es. Entonces, ellos han tenido que internalizar la idea de la digitalización de la salud, y no ha sido fácil. Sin embargo, cuando empiezan a darle uso a la información clínica en un sistema que cuenta con información estructurada, empieza a darle valor a esta gestión, y se fortalece el cambio en su actitud.

¿Qué les recomendaría a las instituciones que están pensando en iniciar la informatización de los registros en salud en sus establecimientos?

Lo primero es que inicien con la reingeniería de sus procesos antes que con el proceso de la informatización en general. También es importante que antes de iniciar la digitalización de datos previos, tiene que existir un registro ordenado de esa información clínica. Estos pasos son fundamentales pues es importante estar bien ordenados antes de empezar para no informatizar el caos.

En segundo lugar, recomiendo hacer un big bang. Esto quiere decir que hagan el cambio de un día para el otro en todos los ámbitos. Hacer una implementación poco a poco puede tener un resultado exitoso en largo tiempo, pero hace todo muy duro y tedioso, corriendo el riesgo de abortar el proyecto como ya le ha sucedido a algunas instituciones.

Además, es importante que el dueño del servicio lidere estas implementaciones. Me refiero a que no sea el área de tecnología quien maneje la implementación, sino, un equipo de conozca de gestión prestacional, que pueda adecuar correctamente la implementación desde su conocimiento del servicio dentro del marco normativo y regulatorio, y del día a día del usuario final.

¿Cuál son los beneficios que ha dado la informatización de las clínicas?

Hoy en día, existe una corriente en los servicios de la salud, que es la seguridad en la atención del paciente y la gestión de la calidad de la atención. Esto ha sido fundamental porque hemos podido incorporar la gestión prestacional a la gestión clínica, incluyendo muchas herramientas. Por ejemplo, hemos podido incorporar el pasaporte quirúrgico, que nos permite manejar perfectamente un ciclo quirúrgico, donde hacemos todas las verificaciones antes de iniciar una cirugía segura. Esto nos garantiza un nivel óptimo, reduciendo los riesgos al mínimo.

Además, hay un registro correcto de lo que se le indica al paciente, eliminando los problemas de la llamada “Letra de Médico”. Con el catálogo de datos maestro, puedes codificar y catalogar datos del tratamiento recibido. Con esto, se reducen drásticamente los riesgos en la atención.

Al tener información estructurada, nos permite generar datos de inteligencia sanitaria y de negocios, los cuales en esta industria deberían ser entendidos como lo mismo. También nos ayuda a obtener datos de los servicios más demandados o de las patologías que más se atienden, o que tan oportunas son las decisiones quirúrgicas que tomamos. Con ello se pueden anticipar acciones, con la finalidad de dar el mejor servicio posible.

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